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Castillos sobre arena

Cuando los españoles fumaban tabaco y bebían aguardiente, en la Nueva Granada se cultivaron tabaco y caña de azúcar, mientras se extraían oro y esmeraldas para las señoras y señoritas peninsulares, más adelante cuando Estados Unidos desató la fiebre de los automóviles, en Colombia se empezó a extraer petróleo en gran manera, al igual que café en una inmensa región que fue epicentro de la economía nacional durante un largo tiempo. Más tarde los angustiados estudiantes descubrieron la marihuana y la cocaína; evidentemente los colombianos respondimos a su necesidad.
La nuestra ha sido una economía fluctuante en extremo, solo producimos lo que los poderosos consumen y cambiamos de base económica según los otros cambian de gusto predilecto.
En gran medida nuestra economía en la actualidad se basa en la extracción de materias primas útiles a los sectores industriales extranjeros, es decir, vendemos nuestro país, en el sentido más básico de la palabra, para enriquecer a los gobiernos que ya tienen una importante posición en los campos económico y tecnológico. ¿Es inteligente construir una economía basada en extracciones? ¿Hasta cuando pensarán los gobernantes que puedan durar las reservas petrolíferas de Santander o las minas de carbón del Cerrejón?

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