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Parar para AVANZAR

 Los últimos días en mi país, Colombia han ocurrido una serie de manifestaciones pacíficas, actos vandálicos, represión policial, asesinato extrajudicial e incluso violación por parte de las fuerzas armadas del Estado.

Debido a lo que podría considerarse no solo una mala administración económica frente a una crisis de salud tan grande como lo ha sido la pandemia del COVID-19, salió a relucir no solo la incompetencia de un gobierno que realmente no merece los cargos que tiene, sino la sumisión del mismo frente a las corporaciones. En un país donde más de la mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza, los "padres de la patria" como tristemente algunos aún les llaman, decidieron en medio de la pandemia eximir a los grandes capitales de un aporte real, bajando los impuestos e incluso haciendo la vista gorda al dinero que muchos de ellos, incluídos miembros del gabinete tienen en paraísos fiscales.

Está claro que la incompetencia es en sí misma una razón más que justa para que en este periodo histórico tan complejo que estamos viviendo no solo como Nación , sino a nivel mundial el pueblo quiera un cambio significativo. Pero lo peor no es eso particularmente, sino la actitud del gobierno frente a las manifestaciones. En un ambiente en el que en otros países la fuerza pública estaría para garantizar el derecho a la protesta que está consagrado en la constitución; en mi país la policía se ha dedicado de todas las formas posibles a maltratar al pueblo. 

Hemos llegado al punto en el que manifestaciones pacíficas terminan siempre con civiles asesinados por la policía y pese a que eso no es para nada coherente por el uso desmedido de la fuerza, se sobreentiende que los involucrados aludirán a la defensa propia (una piedra o un palo al parecer es para los policías igual amenaza que un arma de fuego), pero llegar al punto en el que en pleno ejercicio de sus deberes como miembros de la fuerza pública, un agente del Estado en presencia de sus compañeros viole a una civil, es no solo algo desagradable en muchos aspectos. Es la prueba de la inmundicia que representa esa fuerza pública viciada y servil que desde siempre se ha puesto al servicio de una élite política despiadada e inhumana que ante todo busca enriqueserce de las arcas del pueblo.

Después de 4 días de paro, se ha informado por medios oficiales que la reforma tributaria propuesta por el gabinete de gobierno que desplegó la indignación a nivel nacional, se va a retirar. Si bien es un logro importante, cabe resaltar que no se ha ganado nada, pues sabemos de sobra que la palabra de nuestro presidente es totalmente irrelevante, pues no ha bastado con que incumpla todas y cada una de sus promesas de campaña. Cosa de la cual los colombianos estamos más que hartos pero tristemente acostumbrados. Sino que durante todo su periodo al frente del gobierno ha hecho exactamente todo lo contrario a lo que prometió en campaña. Incumplir promesas puede deberse a factores externos, falta de capital, falta de consenso con las demás ramas del poder o cualquier otra cantidad de razones que puedan evitar que un proyecto sea llevado acabo. Pero prometer la prohibición del fracking, para unos meses después vender páramos para este tipo de extracción, prometer que nadie que no pagase impuesto de renta, lo pagaría sobre su gobierno y después abanderar más de la mitad de los recursos que esperaba recolectar con la reforma en ese único impuesto; es cínico como solo se creía posible en las más oscuras obras de ficción.

Solo quiero decir que me enorgullece haber nacido en un país donde la gente por fin empieza a despertar, ser parte de la generación que se dió  cuenta de la inmundicia que conlleva el gobierno y más aún, de la generación que está dispuesta a cambiarlo de una vez por todas. Cerrar el ciclo de gobiernos elitistas, inhumanos, guerreristas e ineptos está ahora en nuestras manos. A menos de 2 años de las próximas elecciones de gobierno nacional, por primera vez en mi vida puedo ver con optimismo al futuro un cambio drástico. Darle la espalda a la élite que por 200 años se ha aprovechado del trabajo del pueblo, que ha sabido enriquecerse no solo con el trabajo, sino con la sangre de su gente y mirar al futuro brillante. Espero que esta rabia y esta hambre por actuar no desfallezca y que por fin los jóvenes tomemos la batuta de este país que tanto amamos.

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