Recientemente he estado pensando mucho en lo complejo de las relaciones humanas, de cómo muchas personas logran entrar en nuestra vida, ser importantes por unos meses o incluso años y después simplemente se vuelven un desconocido más con miles de recuerdos en común, recuerdos de buenos momentos que nos llenan de nostalgia y muchas veces preferiríamos olvidar. Pero como todo en la vida, esa moneda tiene otra cara, están los que vuelven, esas personas con las que compartimos muchísimos momentos, ilusiones y sueños, pero que por una razón u otra tuvimos que dejar salir de nuestras vidas; sin embargo me he dado cuenta de lo importante que puede llegar a ser alguien, es curioso como después de tantas cosas que te separaron de alguien puedes dejarle volver a entrar a tu vida y darte cuenta que aún te tiene la misma confianza que hace 4 años o incluso más, que se siente en la capacidad de contarte cualquier cosa, que esté dispuesta a entablar una amistad, sin segundas intenciones. Es esa la clase de personas que al parecer hay en mi vida, es esa clase de personas por las que estoy agradecido, las que me hacen crecer, confiar en los demás, esas personas que llegan y me sacan de la burbuja de individualidad en la que a veces todos buscamos encerrarnos para no ser lastimados, pero eso es la vida, exponerse, arriesgarse, confiar y aprender sin importar lo que pase.
Gracias entonces a esas personas, saben quienes son, aunque tal vez nunca sepan realmente lo importantes que resultaron siendo en mi vida, quizá en algún momento podamos darnos cuenta de que cada tropezón y herida no es más que un adorno en la piel que te recuerda lo que aprendiste.
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