¿Es acaso más patria la bandera, que los ríos o incluso lo es más el himno que los árboles? De ningún modo, en muchas instituciones colombianas por mucho tiempo se ha intentado educar niños patriotas, que amen su nación. Pero en ninguno de esos fallidos intentos alguien se ha tomado la pequeña molestia de resaltar que la patria no son esos símbolos tan abstractos y vacíos en sí mismos, la patria somos todos, la gente, el suelo, las miles de especies animales y vegetales, los bailes y los escritores, los mamos y los cantantes, somos todos una construcción que extralimita lo social, va más allá de una bendición inmensa de haber nacido en estas tierras, que son el Aleph de Borges, nuestra Colombia es un mundo donde está el resto del mundo, contamos con todos los pisos térmicos, dos oceános, una cultura de las alturas que une a todo el continente, somos la tierra de la serpiente, del puma y del cóndor.
¿Es acaso una irracionalidad pensar en conseguir un mayor grado de autonomía económica? Colombia pasa por un momento en su historia, en el cuál tiene mayor importancia lo que se vende que lo que se tiene y me pregunto yo ¿es más patriota explotar El Cerrejón contaminando el agua, vender zonas forestales inmensas para deforestación, extraer del suelo todos los minerales de los que inmerecidamente somos administradores mientras se porta la bandera y se entona el himno o lo es más proteger nuestras raíces culturales, educativas y aún llegando a las alimentarias? Cuidar nuestra tierra está exclusivamente en nuestras manos, es verdad que hay poderes bastos que luchan por imponer sus modelos productivos viciados y cíclicos, pero también es verdad que los colombianos tenemos las herramientas para contrariarlos y salvar, en la medida de lo posible la patria de nuestros niños.
Si bien muchos de nosotros llevamos el color de la tierra en nuestra piel, no llevamos esa tierra en el corazón, conocernos y aceptarnos como parte misma del territorio y del planeta, tomar conciencia de nuestra responsabilidad como punto convergente global es quizá la única forma de parar esta bestia que nos consume y digiere sin matarnos, este descomunal consumismo que nada bueno nos ha traído pero nos enseñan a amarlo como a un padre. Es necesario despertar, vernos en el ojo del huracán y descubrir que aquí donde estamos debe empezar la revolución de las minucias, en nuestras manos está el futuro y es haciendo u omitiendo que lo construímos, seamos conscientes de que de cualquier forma, tendremos que lidiar con las consecuencias.
La conciencia es el primer paso a un mejor mañana, la conciencia que empieza por amar lo nuestro, por reconocernos en los libros de Gabo, en las obras de Rayo, por sentir en cada expresión de lo que somos lo que la mayoría siente cuando juega la selección de fútbol, no critico la pasión que se siente, la unión que un deporte es capaz de proveer a un país que en su mayoría vive sus días fraccionado y fraccionándose, solo sueño con el día en que el amor por el territorio que se vende al mejor postor actualmente, despierte la misma empatía que un partido de la selección, que nos podamos unir como pueblo, como nación y defender lo que es nuestro, el territorio, las riquezas biológicas exhuberantes, la educación, la salud, cada aspecto que nos involucre a todos como pueblo. Sueño con el día en que podamos ver a nuestros vecinos como iguales, que dejemos de ver con los ojos de la colonia, que diferencian a la gente por su estrato o color de piel y podamos en cambio reconocernos en nuestro prójimo como colombianos, una mezcla de mundos, razas, culturas, gastronomías y lenguas donde puede encontrarse si se busca detenida y dedicadamente la solución a los problemas del mundo contemporáneo y globalizado.
La conciencia es el primer paso a un mejor mañana, la conciencia que empieza por amar lo nuestro, por reconocernos en los libros de Gabo, en las obras de Rayo, por sentir en cada expresión de lo que somos lo que la mayoría siente cuando juega la selección de fútbol, no critico la pasión que se siente, la unión que un deporte es capaz de proveer a un país que en su mayoría vive sus días fraccionado y fraccionándose, solo sueño con el día en que el amor por el territorio que se vende al mejor postor actualmente, despierte la misma empatía que un partido de la selección, que nos podamos unir como pueblo, como nación y defender lo que es nuestro, el territorio, las riquezas biológicas exhuberantes, la educación, la salud, cada aspecto que nos involucre a todos como pueblo. Sueño con el día en que podamos ver a nuestros vecinos como iguales, que dejemos de ver con los ojos de la colonia, que diferencian a la gente por su estrato o color de piel y podamos en cambio reconocernos en nuestro prójimo como colombianos, una mezcla de mundos, razas, culturas, gastronomías y lenguas donde puede encontrarse si se busca detenida y dedicadamente la solución a los problemas del mundo contemporáneo y globalizado.
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