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UN VIAJE POR MIS LIBROS

Sentado en el bus observo, veo todo y al mismo tiempo no veo nada, o tal vez me estoy viendo a mí mismo, pienso en la sexta de Caicedo, la París de Cortázar y hasta me imagino caminando por las polvorientas calles de Macondo buscando algo que está tan oculto que no sé ni siquiera lo que es, sigo mi viaje por la Tierra Media de Tolkien, sigo a los elfos por el bosque y sin darme cuenta empiezo a correr, corro como un ciervo perseguido. Tras un rato recobro la conciencia en mi mundo real, si es que hay algo que merezca ese título, estoy ebrio de realidad, esta realidad tan limitada y reglamentada, tan fría y distante; no puedo esperar un instante más sin sumergirme en otro mundo, en otra mente, en uno de esos objetos maravillosos, la única y real extensión de la mente humana, los sueños y problemas de aquellos sabios que ya pasaron o que por el azar de la vida nunca podré tener al frente y conversar, discutir o dialogar; pero en letras, palabras y frases que puedo leer los conozco, me enseñan y enriquecen, ahora a través del cristal veo el planeta del Principito, con sus tres volcanes y una rosa, él no está, ha encontrado tal vez algo mejor que hacer, estará domesticando a un zorro, me digo, la verdad no podría saberlo está tan lejos, tan intangible, es sólo una idea, pero qué tiene eso que ver, la bombilla fue también una idea, igual que la rueda y nadie se atrevería nunca a mencionar que esas cosas no son reales. Entonces ¿por qué los mundos de los que hablan Tolkien, Lewis y Asimov tienen que ser necesariamente irreales? ¿hay algo que haga a una idea más real que otra? ¿quién podría definir lo real de lo irreal si los sentidos como dice Descartes nos engañaran? No lo sé y por el momento esta discusión ya carece de todo sentido, después de todo es solo producto de la mente ociosa de un hombre sentado, quieto en movimiento viajando por calles que cruzan con ideas y divagando mientras aguarda su parada. Quizás eso somos todos ideas, reales o no eso cada quien podría decir o creer lo que le plazca.
Vuelvo a estrellarme con la realidad, pienso en mis exámenes, mi familia, pienso principalmente en mi hermano, qué será de él en el futuro, no lo sé, lucho por ser un buen ejemplo, alguien que al menos para él sea digno de imitar. Espero que algún día logre superarme, me recuerda infinitamente a mí mismo en la infancia, aún conserva la ilusión de aquel que no separa la realidad común de la propia, es de esas personas fantásticas llamadas niños que logran mezclar todas las realidades en una sola, la viven apasionadamente y cuando se aburren, cosa harto frecuente la cambian, por una más divertida, emocionante e influenciada por todas sus vivencias y experiencias, los cuentos oídos, los paisajes vistos y todo aquello que pudiera enriquecer su realidad personal en formación.

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